Ya sé que uno debe enseñarles a los niños la diferencia entre el bien y el mal; enseñarles el porqué es más conveniente escoger el bien y porqué el mal nos perjudica. Entiendo que aveces la única manera de enseñarles es con dibujos o cuentos no complicados que les den una idea de lo bueno y lo malo. Sin embargo, la vida real va más allá de blanco y negro, hay matices; una gran variedad de grises, de blancos y de negros (sino me creen chequen el Pantone o una caja de 90 colores Prismacolor). El problema es que aveces los malos, los villanos de los cuentos infantiles, no son realmente “malos”, sólo son incomprendidos. Hay siempre una razón de porqué actúan así y nadie se ha tomado el tiempo de entenderlos, todo lo contrario. Por lo general los protagonistas (buenos) terminan siendo hasta groseros con ellos, claro que nadie lo ve mal porque pues, al fin y al cabo ellos son buenos y todo lo hacen bien, nunca se equivocan, mientras que los otros son los malos y merecen ser maltratados.
Todo este embrollo me llegó a la cabeza por un capítulo de Dora la Exploradora, donde como vaqueros, ella y Botas defienden de Zorro las Galletas Vaqueras (quien por cierto, ama esas galletas, ¡son sus favoritas!); al final, reparten las galletas, sobra una y como ellos son muy buenos, deciden darle a Zorro la galleta que queda (típico, dar lo que sobra esta muy de moda). Lo llaman y cuando este llega, en lugar de darle la galleta en la mano, se la arrojan. Eso sí, los papás de los niños buenos les enseñan a sus hijos a no aventar las cosas, a dar en la mano, incluso enseñan que cuando compartan algo deben dejar que los demás tomen directamente de la bolsa. En general, a ser amables con “todos” (ahá).
No crean que estoy “satanizando” a Dora, no no, todos en la familia amamos ese programa; es simpático, sencillo y divertido. Es sólo que lo asocié con la realidad y pensé en lo dificil que es para la gente diferente (de esa que parece mala por que es incomprendida), ser tratada con respeto.